domingo, 29 de noviembre de 2009

Modestia aparte

Quizás soy yo la que se equivoca.
Tal vez mis oídos me envían estímulos incorrectos, o tal vez mis sentimientos enturbian éstos.
Pero estoy segura de que no me equivoco cuando escucho esa canción con otra voz. Sé lo que siento.
Supongo que al final aceptaré mi papel.
Sé que nunca aceptarás lo que todos sabemos.
Hace falta preparación...
... pues preparate...

martes, 24 de noviembre de 2009

Alfileritos, parte II

Quería volver a besarte en esa calle.
Quería volver a recorrer contigo una ciudad mágica de noche.
Sin prisas.
Con la certeza de no tener que separarme de ti, pues duermo en tus brazos.
Por eso, te cuento mentiras piadosas, ocultándote todo esto.
Por un lado, para ver la cara que pones al enterarte mientras yo digo "vaya, me he pasado la salida... pon el gps... ¿qué es esa cartulina roja?"...
Por otro, para evitarte los nervios que he tenido yo durante un mes...
Sin embargo, esta vez cambian algunas cosas.
Tú y yo somos más nosotros que antes y tenemos una confianza que antes era algo más de timidez.
La ilusión sigue siendo la misma, o incluso más.
Pero... nos encontramos en la plaza de las cuatro calles sin encontrar alfileritos...
Al final, siguiendo el camino más largo, lo logramos. Y yo recuerdo ese momento y te beso sin más...
Gracias por dejarte sorprender.

viernes, 13 de noviembre de 2009

300

También era viernes.
También era 13.
En un sofá, me di cuenta de que te necesitaba para ser feliz...
Si me preguntas desde cuándo te quiero...
...no sé qué contestar...

martes, 3 de noviembre de 2009

iloser

De un lado el sol, escondiéndose. Rollizo, dorado. Acompañado de estratos de color rosa y morado.
Del otro, la luna. Redonda, blanca, casi llena. Empeñada en deslumbrarme otra vez más.
En el centro, presentando, yo misma. Decidiendo por qué lado decantarme. Entre curvas y caravanas creando caravana. Redundante.
La aceituna que tengo por cabeza es sostenida por un palillo algo resquebrajado que se queja, en movimiento y parado.
El sol casi termina de esconderse, por lo que, sorprendentemente... Me decido por dejarme deslumbrar por la luna.
La miro incesantemente. Trato de mimetizarme con ella y, además de la palidez, consigo centrarme en la distancia que nos separa.
Olvido lo demás. Hasta tal punto que al cerrarse mis ojos para comprobar si en la oscuridad veo ese brillo que se ve cuando te deslumbras, me sorprendo dormida.
Quizás ella lo entienda y por eso, al despertarme, yo también.
Mirándola o no, me lo permita mi palillo o no...
Con la cabeza bien alta.