Ahora comprendo porqué mi ojo no paraba de llorar.
Será que el cordón umbilical nos sigue comunicando de algún modo, y yo, manifestaba tu dolor.
De repente, mis expectativas han cambiado por completo, sin tiempo para pararme a pensar qué es lo que estaba sucediendo.
Los nervios tenían que salir por algún sitio, aunque esta vez mi párpado no dejó que las lágrimas cayeran.
Sillas azules en salas de espera, un capuccino sin leche y un sandwich mixto...
Por suerte no ha sido nada, todo está bien.