Sobre mi cara las yemas de tus dedos dibujan mi perfil.
Al paso que se mueven provocan cambios en mi piel, erizan su vello.
Me hablas al oído y, sin embargo, tu voz es capaz de provocar escalofríos por todo mi cuerpo.
Esucho tu corazón y trato de sincronizarlo con el mío, pues desde hace tiempo sé acelerarlo a mi antojo.
Me dejo llevar. Por tí, por tus besos, por lo nuestro.
Porque esto que tenemos ha sido, desde siempre, dejarnos llevar.