Después de dormir unas horas, al despertarnos nos pasamos un rato jugando con nuestras manos de una litera a otra.
Un tiempo después te das cuenta de que no hay nadie más en la habitación, y yo decido subir a tu azotea a hacerte feliz haciéndote cosquillas.
Sin darme cuenta me descubro tumbada a tu lado en una situación 50% extraña y 50% desaprovechada.
No quiero otra cosa en ese momento así que no soy consciente de cómo se nos ve desde afuera.
Es sábado 14, de febrero.
Hoy es sábado 14 otra vez.
No había nadie más en mi habitación.
Te echo de menos después de compartir tantas noches.