Divido mis pensamientos en un compás de 3 por 4.
Entre las cinco líneas voy plasmando mis ideas, mis pros y mis contras, mis blancas y negras, redondas, corcheas... Mientras, en clave de Fa, voy dibujando silencios.
Me acompañas tú con tu melodía, apoyando a la mía, decida acelerar o bajar el ritmo, dando intensidad a mis notas, dando firmeza a mis decisiones.
Se acaba el silencio y mis cuerdas vocales comienzan a vibrar estridentemente. Mi lengua empuja las letras y las palabras inacabadas van saliendo.
Tomo mi decisión y la melodía se torna estable...