¿Dónde te encuentras?
¿Por qué te escondes?
Detesto esa superioridad tuya que te permite aparecer y desaparecer a tu antojo.
Te crees demasiado importante porque tienes el poder de manejar mis dedos.
He de decirte que el hecho de pensar en ti, hace que aparezcas. Que al preguntar por ti, me has susurrado al oído...
Pero, hazme un favor, no me digas lo que tengo que escribir, me basta tu presencia.
.
.
.
Ahora, que has aparecido, que estas aquí, junto a mí...
Pretendo vengarme y dejar de escribir.
Ahora pregunta tú por mí.
Ahora soy yo quien se torna superior y no te permite expresarte...
¿Me subestimabas?
¿Qué vas a hacer ahora, Musa?
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