Sin cerrar los ojos puedo notar que vivo en un barco.
Si los cierro, soy capaz de escuchar las gaviotas, y las olas chocando contra las rocas.
Tomo aire, y pequeñas partículas de sal provocan un cosquilleo en mi nariz.
¡Capitán, el barco se hunde!
Y, en mi mundo real, caigo al suelo, mientras mi barco va dejándose tragar por el mar.
Quiero dejar de ser un grumete.
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