domingo, 7 de diciembre de 2008

Verona...

La música empieza a sonar.
Acelerados, impacientes e ilusionados, nos agolpamos tras un improvisado telón.
Poco a poco vamos saliendo, sin darnos cuenta.
He escuchado mil veces esta canción y, por un momento, pienso haber olvidado todo.
Mis labios empiezan a cantar una melodía al ritmo que mis pies siguen la música.
Yo, disfruto, me dejo llevar.
Una luz me abriga y otra me ciega.
Soy yo quien está aquí arriba. No tengo nada que temer.

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